"Llevamos siempre en nuestros cuerpos, por todas partes, el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo." Cf. 2 Co 4,10
Con la meditación de la Pasión del Señor podemos afirmar lo
que la pequeña hija de la Divina Voluntad, la Sierva de Dios
Luisa piccarreta le dice en su carta al finalizar el libro de
las 24 HORAS DE LA PASION DE NUESTRO SEÑOR, a San Anibal De
Francia:
"Yo creo que si quien se pondrá a meditarlas es pecador, se convertirá, si es imperfecto, se volverá perfecto, si es santo, se hará más santo, si es tentado, triunfará, si sufre, podrá encontrar en estas Horas la fuerza, la medicina, el consuelo, y si su alma es débil y pobre, hallará un alimento espiritual y un espejo en el mirándose continuamente se embellecerá y se hará semejante a Jesús, nuestro modelo."

El alma, penetrando en estos excesos de amor y de dolor, se
va entonces transformando en Jesús, llegando así a recibir el
fruto completo que Nuestro Señor mismo quiso que dieran sus
sufrimientos, el que volviera a nosotros aquel orden primero
para el cual fuimos creados y que el pecado nos arrebató, es
decir: Vivir en la Divina Voluntad, hacer la Voluntad de Dios
"como en el cielo así en la tierra".
Las cruces, las mortificaciones y cualquier tipo de sufrimientos
son cada uno una fuente bautismal; y cualquier especie de cruz
que esté como bañada con el pensamiento de la pasión de Nuestro
Señor, pierde la mitad de su aspereza y disminuye la mitad de
su peso .

Cuando Jesús escucha estas HORAS DE LA PASIÓN, oye su
misma voz, su mismas oraciones; ve su Voluntad en el alma que
las hace, es decir, ve que quiere el bien de todos y que quiere
reparar por todos; y se siente llevado a morar en ella, para
poder hacer El en ella lo que ella misma hace. Cuanto bien se
haría si al menos fuera una sola alma en cada pueblo, en cada
ciudad, hiciera estas HORAS DE LA PASIÓN, pues la justicia Divina,
grandemente irritada en estos tiempos, quedaría en parte aplacada.
El mundo está
en continuo acto de renovar la pasión del Señor; y puesto que
la inmensidad de JESUS envuelve a las criaturas por dentro y
por fuera, estando en contacto con ellas, se ve forzado a recibir
clavos, espinas, flagelos, desprecios, salivazos y todo lo que
sufrió en su pasión y aún mucho más. Ahora bien, quien hace
estas horas de la Pasión, estando en contacto con ellas, siente
Jesús que le quitan los clavos, que las espinas se deshacen,
que le curan las llagas, que le limpian los salivazos; siente
que le corresponden con el bien, el mal que recibe de parte
de las demás criaturas; y El sintiendo que su contacto con estas
almas no le hacen mal sino bien, se apoya cada vez más en estas
almas.

A la Santísima
virgen María nunca se le escapó el dejar de pensar en la pasión
de su Hijo Jesucristo y a fuerza de repetirla se llenó totalmente
de Dios. Así le sucede alma, a fuerza de repetir lo que sufrió
Jesús llega a llenarse de El.
Todos los remedios
que la humanidad necesita se encuentran en la vida y en la pasión
de Nuestro Señor, pero las criaturas desprecian la medicina
y no se preocupan de los remedios, por eso se ve que a pesar
de todos los bienes encerrados en la redención, el hombre perece
en su estado como afectado por una enfermedad incurable; pero
lo que es de lamentar es ver que inclusos personas "religiosas"
se fatigan por la adquisición de doctrinas, de especulaciones,
de historias, pero de la Pasión nada.

El amor de Dios
es fuego, pero no como el fuego material que destruye las cosas
y las reduce a cenizas; el fuego Divino vivifica y perfecciona,
y si quema, es por que consume todo lo que no es santo, los
deseos, los afectos, los pensamientos que no son buenos; esta
es la virtud del fuego Divino: quema el mal y da la vida al
bien, de manera que si el alma no siente en si ninguna tendencia
hacia el mal puede estar segura de que el fuego Divino está
en ella, si en cambio siente en sí fuego y a la vez mezcla de
mal, hay mucho que dudar de que se trate del verdadero fuego.
La primera pasión
de Nuestro Señor Jesucristo fue el amor, porque el hombre cuando
peca, el primer paso que lo hace caer en el mal es la falta
de amor, por lo que faltando el amor cae en el precipicio de
la culpa. Así que, el amor, para rehacerse a través de Jesús
por esta falta de amor de las criaturas, lo hizo sufrir más
que todos, lo trituró casi más que debajo de una prensa, le
dio tantas muertes por tantas criaturas reciben la vida. El
segundo paso que produce la culpa es defraudar la gloria de
Dios; y el Padre, para rehacerse dela gloria que las criaturas
le quitan, quiso que su Hijo sufriera la pasión del pecado,
o sea que cada culpa le daba una pasión especial. Si la pasión
fue una. Por el pecado fueron tantas pasiones por cuantas culpas
se cometerán hasta el fin del mundo, y así se rehizo la gloria
del PADRE.
El
tercer efecto que produce la culpa es la debilidad en el hombre
y por eso quiso sufrir Jesús la pasión por parte manos de los
judíos, para restituirle al hombre la fuerza perdida.
Así que con la pasión
del amor, se reparó y se puso a su justo nivel el amor, con la
pasión del pecado se reparó y se niveló la gloria del Padre; y
con la pasión de los Judíos se niveló y se le restituyó la fuerza
perdida a las criaturas.
En Jesús no fueron
únicamente las manos y los pies los que le clavaron sobre la
cruz, sino que todas las partículas de su humanidad, de su alma
y de su Divinidad quedaron clavadas todas en la Voluntad del
Padre; por que la crucifixión fue Voluntad del Padre; por eso
quedo clavado y transmutado del todo en su voluntad; y esto
era necesario, ¿por que cosa el pecado sino retirarse de la
Voluntad de Dios, de todo lo que es bueno y santo y que Dios
nos ha dado, creer ser algo por sí mismo y ofender al creador
mismo? Y Jesús , para reparar esta audacia y este ídolo propio
que se hace la criatura de sí misma, quiso perder del todo su
Voluntad y vivir en la Voluntad del Padre a costa del Sacrificio.
El cielo con todo
lo creado nos muestra el amor de Dios; el cuerpo de Jesús llagado
nos muestra el amor del prójimo, tanto que la humanidad de Jesús
que está unida a la Divinidad, de las dos naturalezas hizo una
sola persona, de modo que en Jesús las dos naturalezas quedaron
inseparables, por lo que no solo El dio satisfacción a la justicia
divina sino que también obro la salvación de los hombres; y
para hacer que todos asumieran la obligación de amar a Dios
y al prójimo, no solamente hizo de estas dos una sola obligación,
sino que la hizo un precepto divino. De manera que sus llagas
y su sangre, son lenguas que le enseñan a cada uno el modo de
amarse y la obligación que tiene de cuidar por la salvación
de los demás.

Cada pena que
sufrió Jesús, cada gota de sangre, cada llaga, cada oración,
cada palabra, obra o paso, etc. produjo en su humanidad una
luz que lo embelleció tanto, que deja extasiados a todos los
bienaventurados. Ahora bien cada vez que el alma piensa en la
pasión, en cada acto de compasión, de reparación,
etc., no hace otra cosa que tomar luz de la humanidad de Cristo
y embellecerse a su semejanza; de manera que cada pensamiento
más sobre la pasión, será para el alma una nueva luz que le
procurará un gozo eterno.